viernes, 9 de agosto de 2013

Un estudio de 2 Timoteo

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miércoles, 1 de mayo de 2013

La mutualidad de los miembros de la iglesia y su relación con Cristo como cabeza de la misma.


La Palabra de Dios afirma en varias ocasiones que la iglesia es el cuerpo de Cristo y por toda lógica que el mismo Cristo es la Cabeza del mismo.
¡Damos gloria a Dios por esto!
Y damos gloria a Dios por esto  en un doble sentido:
a.    Porque la Cabeza de la iglesia, Cristo, es perfecto. Y guiará a su iglesia por medio del Espíritu Santo en cada uno de sus miembros.
b.    Porque ningún pecador por más creyente que sea tiene derecho ni potestad de Dios para erigirse en único director de la misma.

Ahora bien, ¿Es suficiente con que nadie pueda levantarse como Cabeza de la iglesia, alcanza? Creemos que no, ya que puede ocurrir que ningún miembro de la iglesia se erija como único guía porque los demás miembros se opondrían, pero a su vez puede ocurrir que también se deje afuera a Jesucristo.
¿Hay algún ejemplo de esto? Sí, hay un ejemplo contundente.

Apocalipsis 3:20  He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

El versículo expuesto de Apocalipsis es muy usado por nosotros para evangelizar, porque suponemos que Jesucristo solo está afuera de alguien que es inconverso.
¿Es esto realmente así?
Creemos que no, Cristo está haciendo esta exhortación a una iglesia, a la iglesia de Laodicea.

Apocalipsis 3:14  Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:

La iglesia de Laodicea había dejado afuera a Cristo Jesús el Señor y Cabeza de la iglesia.
Se la había creído, estaba muy resuelta y muy segura de sí misma. No se sentía necesitada, ni miserable por el pecado que nos atraviesa a todos. Se creía rica, que todo le salía bien, que tenía visión. Estaba relajada y no tenía pasión. Se creía una elegida vestida con vestiduras blancas.
En medio de su realidad podemos ver también nuestra realidad como iglesia local y aún como creyentes miembros de una iglesia.
Algunas preguntas que nos incomodan.

Hebreos 3:12  Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;
Hebreos 3:13  antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

Preguntas incómodas:
¿Me creo muy resuelto en mi vida?
Reflexión: Cuanto más resuelto me crea en mi vida, más dependeré de mi mismo y menos de Dios. Cuanto más inseguro sea de mi mismo, más clamaré por la ayuda e intervención de Dios.

Pablo decía porque cuando soy débil entonces soy fuerte.
2 Corintios 12:10  Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Dios buscará hacernos ver que no le hace falta nuestra fortaleza sino nuestra debilidad, Él buscará debilitar la dura cáscara del ego, de nuestro ego una y otra vez.

Creemos que esto es así no solo en la vida personal sino en la vida de iglesia local.
Aunque parezca cosa rara, la iglesia local puede estar acéfala, sin cabeza como la iglesia de Laodicea.
¡No hay nadie (miembro) que mande pero a su vez tampoco se obedece la Palabra de Dios!

Una de las decisiones más importantes de una iglesia, creemos es la consagración personal de cada miembro a la Voluntad de Dios cueste lo que cueste.
Luego cada uno tendrá diferentes vivencias y tendrá diferentes bendiciones y pruebas que superar en el Espíritu para que cada vez en la vida personal y en la vida de Cuerpo (iglesia) se escuche con mayor fuerza la voz de Cristo.
Es en estos momentos en que Cristo como Cabeza de la iglesia hará uso de los miembros del Cuerpo, de cada uno de los que esté en sintonía y dispuesto a hacer su Voluntad.
Aquí surge una de las frases más alentadoras y trascendentes en la vida de fe comunitaria y mutual (fe recíproca), una frase simple llena de calidez y humanidad: “Los unos a los otros...”

La Cabeza de la iglesia, esto es el mismo Cristo Jesús exhorta, ordena, requiere y quiere que vivamos mutualidad de fe y acción en el Cuerpo de Cristo.

Veamos algunos ejemplo que nos lega la Palabra de Dios.

Sumisión, humildad y servicio de “los unos a los otros”.
Juan 13:14  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

Afecto y unidad en tiempos de adversidad de “los unos a los otros”.
Hechos 21: 6  Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.

Exhortación a amarnos los unos a los otros
Romanos 12:10  Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

Exhortación a no cometer el pecado de juicio a nuestro hermano, no juzgarnos “los unos a los otros”.  
Romanos 14:13  Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.

Ser hospedadores los unos a los otros.
Romanos  15:7  Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

Amonestarnos los unos a los otros.
Romanos 15:14  Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.

Saludarnos con beso santo los unos a los otros
Romanos 16:16  Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.
1Colosenses 16:20  Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.

Servirnos por amor los unos a los otros.
Gálatas 5:13  Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

Soportarnos con paciencia en amor los unos a los otros
Efesios 4:2  con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,

No mintiéndonos los unos a los otros.
Colosenses 3:9  No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,

Alentándonos cada día los unos a los otros.
1Tesalonicenses  4:18  Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

Exhortándonos los unos a los otros
Hebreos 3:13  antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

Ser hospedadores sin murmuraciones los unos a los otros.
1Pedro  4:9  Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.
1Pedro 4:10  Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

Cristo es la Cabeza de la iglesia y lo será siempre.
Sin embargo, en esta era y en este mundo somos nosotros como miembros de la iglesia local los que debemos consagrarnos a su Voluntad y a su propósito. Esta sintonía o comunión con Dios se verá también en la vida del cuerpo de Cristo, esto es la iglesia.
Solo así, en comunión con Cristo y dispuestos a su Voluntad es que Cristo ejercerá su potestad sobre la misma.
Es en este tiempo difícil que estamos viviendo cuando más tiene que menguar nuestro ego.
La mutualidad, el amor por el hermano y por nuestro prójimo está en relación inversa a nuestro ego. Cuanto más ego, menos amor y menos servicio. 

Juan 3:30  Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

Habrá una ecuación divina en este caso. Nuestro ego menguará y se fortalecerá nuestro amor a Dios y a los hermanos y a nuestro prójimo.  
La ley del Espíritu Santo en nosotros cumplirá la ley escrita y pronunciada por Cristo.

Mateo 22:35  Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:
Mateo 22:36  Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
Mateo 22:37  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Mateo 22:38  Este es el primero y grande mandamiento.
Mateo 22:39  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Mateo 22:40  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Oración: Padre quebranta la cáscara de mi ego para que pueda estar en plena comunión contigo, para que pueda hacer tu Voluntad y para que sea un miembro útil en tu iglesia cuya Cabeza es tu Hijo Cristo.  

¿Está usted afirmado sobre la Roca de la Salvación?
Isaías 55:6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.Isa 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
¡Cuidate!
Dios te bendiga!..................Para compartir esta nota con un amigo pincha sobre el botón blanco aquí abajo.

viernes, 4 de enero de 2013

La importancia de congregarse según la Biblia

Nota tomada del Blog Apocalipsis, los últimos tiempos 
Nota 
La importancia de congregarse según la Biblia
Fuente 
Fuente original: www.centrorey.org

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10: 25)

Introducción
Los tiempos en que vivimos son los días a los que se refiere las Escrituras en cuanto a que “el amor de muchos se enfriará”. Por ello, es de especial importancia que nos animemos y exhortemos unos a otros en cuanto a congregarse se refiere.

Animar y agradecer a la congregación el esfuerzo que hacen para congregarse.

Hebreos 10:25 “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”

Vemos que la exhortación se manifiesta en diferentes formas: como ánimo, consuelo, advertencia, fortalecimiento.

A la pregunta de ¿Por qué tenemos que congregarnos? Seguro que nuestra primera respuesta sería porque es un mandamiento. La respuesta es absolutamente correcta. Pero como todos los mandamientos de Dios para nosotros, tienen una razón y un porqué. No son simplemente porque sí.

En el griego original se traduce como: “no abandonando la asamblea” también se traduce como: no desertemos, y según el verbo original en griego da la idea de un alejamiento continuo.

Como todos los mandamientos de Dios, el cumplirlo o no, nos traerá sus respectivas consecuencias. Nos deparará bendición si obedecemos, o traerá a nuestra vida las consecuencias que Dios considere necesarias para reprendernos, si no obedecemos. “al que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es pecado” (Santiago 4: 17)

Por otra parte, veamos cual es el significado de congregación: Encuentro, Asamblea programada. Es el encuentro de los cristianos nacidos de nuevo que forman parte del cuerpo de Cristo.

Vemos el contexto de Hebreos 10:25
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10: 19-25)

“Eva fue terriblemente tentada cuando estaba sola. El no congregarse es proyección a la tentación”

Un breve resumen de estos versículos:
El escritor de Hebreos se dirige a sus hermanos judíos con una invitación a dejar atrás el sistema levítico y apropiarse de los beneficios del nuevo pacto en Cristo.

Gracias al ministerio de Cristo como Sumo Sacerdote, los Hebreos pueden entrar con plena confianza a la presencia de Dios.
Es una invitación a aquellos que estaban en la asamblea pero todavía no habían venido a Cristo. Describe los requisitos previos para entrar a la presencia de Dios: sinceridad, seguridad, salvación y santificación.

Mantenerse firme o asirse con firmeza, no es algo que se hace para mantener la salvación, sino que más bien es una evidencia de la salvación.
En nuestro caso, la Profesión de nuestra esperanza es la afirmación de la salvación.

Si fluctuar, aquéllos debían abstenerse de cualquier inclinación que les hiciera retroceder al Antiguo Pacto. Muchos habían comenzado a considerar la posibilidad de volver a las prácticas del sistema levítico del judaísmo para evitar la persecución.

El ánimo mutuo para mantener un compromiso era, y es vital.

“…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos…”:
“Estimularnos”… la palabra “paroxismo” se deriva del término griego y significa en este contexto: incitar o apremiar a una persona a hacer algo. Eso debemos hacer los unos a los otros. Este, por tanto, es el sentido de este escrito también.

Seguimos viendo el contexto:
Hebreos 10: 26, 27 “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

Dicho de otro modo: “Porque si voluntariamente nosotros continuáremos pecando después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados”.

Estos versículos tienen una conexión con el pecado de algunos que desertan de las reuniones eclesiales. Obviamente, a pesar de haber recibido el conocimiento de la verdad (no la verdad en sí), pueden llegar a pecar voluntariamente. ¿Serían estos realmente salvos? No. Nadie que sea realmente de Cristo puede pecar voluntariamente.

La Palabra es diáfana al respecto:

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”(1 Juan 3: 9)

Cristo permanece en el que ha nacido de Dios. Este no puede pecar del modo expuesto en Hebreos 10: 26 porque no sólo tiene conocimiento de la verdad (el cual también lo tiene Satanás), sino que tiene la verdad en sí, que es Cristo.

Este pasaje de Hebreos trata el pecado de la apostasía, que es el retroceso o la deserción intencional. Los apóstatas se sienten atraídos a Cristo en un principio, oyen y entienden Su evangelio, y están a punto de creer para salvación, pero después se rebelan y dan la espalda. Esta advertencia contra la apostasía es una de las advertencias más serias en toda la Escritura.

No todos los hebreos responderían a la invitación de la salvación, algunos ya no tenían ni esa posibilidad. Lo mismo pasa y ha pasado a lo largo de la historia de la Iglesia.

“El apóstata siempre cree tener la razón; es parte de su engaño en el que está”

Volviendo a tema principal, que es congregarse:
La Biblia nos enseña que la iglesia de Jerusalén se congregaba tanto en el templo como por las casas.

Hechos 2: 46, 47 “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo, y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”

Entendemos pues que la congregación está donde un grupo de personas se reúne en el nombre del Señor Jesucristo, independientemente del lugar donde se junten.

¿Por qué el autor de Hebreos escribe así? “no dejéis de congregaros como algunos tienen por costumbre”, pues evidentemente porque había hermanos en la fe que habían dejado de congregarse.

La adoración colectiva en la congregación es una parte vital de la vida espiritual. Esta es una advertencia sobre la apostasía en un contexto escatológico. El escritor de Hebreos hace referencia al día que se aproxima (la segunda venida de Cristo).

Esta exhortación se manifiesta por una urgencia escatológica que requiere un aumento en la intensidad y en el número de actividades cuanto más se acerca el día de Cristo.

¿Cuáles pueden ser las razones por las que una persona deja de congregarse? Algunas son:

Por egoísmo, desidia, negligencia, soberbia, al no querer mezclarse con el pueblo, y lo más probable en este caso, temor a la persecución. En nuestros días, temor al que pensarán.

Yo creo que hay muchas razones, pero básicamente se podrían resumir en dos:

1-Porque nunca ha sido salva la persona.

1 Pedro 2: 2, 3 “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor”

¡Nos asustaríamos si supiéramos cuántos y cuántos realmente no son salvos en tantas congregaciones!

2- Por caer en engaño.

Falsos motivos al respecto:
 
“No es necesario ir a la iglesia”
“No necesito ir a la iglesia para creer en Dios”
“Yo oro, alabo y estudio la Biblia mejor en mi casa”
“Yo soy mi iglesia”
“Dios está en mí y me ama, ¿para qué ir a alguna parte?”
“Dios está en todo lugar, la iglesia no es necesaria”
“Yo y el Señor; eso es lo que quiero”
“Si soy honesto, me aburre ir a la iglesia”
“Está llena de hipócritas”
“No hay nada realmente nuevo que me pueda enseñar el pastor o los hermanos”
“Allí no saben valorarme”
“Hay hermanitos inaguantables…Hermanitos que ni me saludan…que me critican…”
“Prefiero buscar a Dios en la naturaleza, en la gente… ¡en el partido de fútbol del domingo!” (algunos sí)
“Etc. etc. etc.”

“El cristiano que se aparta, suele tener un concepto equivocado de sí mismo. A veces ese concepto es en cuanto a superioridad espiritual”

Se piensa así en alguna de las variantes cuando uno cae en engaño. Y uno llega a ese engaño entre otras razones; cuando tiene amargura en su corazón, resentimiento, falta de perdón, orgullo, porque es negligente, sabio en su propia opinión, ambicioso, perezoso, etc.
Una persona que no se congrega, por mucho que diga que se alimenta leyendo la Biblia, o mediante programas de radio, televisión o internet, no está haciendo lo que debe hacer si no se congrega, y está fuera de la voluntad de Dios, aunque no lo quiera o sepa reconocer.

Hay veces en las que tenemos motivos reales por los cuales no podemos congregarnos, pero estos serán sólo de forma temporal y por razones legítimas.

¿Por qué debemos congregarnos?
1) Porque es un mandamiento
2) Para aprender juntos
3) Para adorar juntos
4) Para animarnos unos a otros
5) Porque el día se acerca
6) Porque Jesús nos dio ejemplo.

1.Porque es un mandamiento que además trae bendición
Obedecer los principios de Dios trae bendición a nuestras vidas.

Mateo 18: 20 “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

Vemos en el capítulo de Hechos 2 que Dios derramó su Espíritu Santo cuando estaban orando todos juntos. Hay una presencia especial de parte de Dios cuando nos reunimos en Su nombre.

Salmo 133:1-3¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras. Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna”

Dios manda (ordena) bendición y salvación.

1. El salmista pone de relieve cuán bueno, es decir, cuán provechoso, es que los hermanos, no los unidos por los vínculos de la carne, sino los israelíes pertenecientes a las distintas tribus, del pueblo escogido por Dios, se mantengan estrechamente unidos. No sólo era bueno, provechoso, sino delicioso, agradable, hermoso.

2. Las ilustraciones son típicamente orientales: El aceite de la unción era derramado sobre la cabeza del sumo sacerdote (Ex. 29:7) y bajaba por las patillas hasta la barba, la luenga barba que era una señal de gran dignidad en el Oriente. Como esta barba llegaba hasta la escotadura de sus vestiduras sacerdotales, el óleo llegaba, por la barba, hasta las doce piedras, símbolo de las doce tribus de Israel, del pectoral.

De manera semejante, las bendiciones de toda clase, sólo podían extenderse a quienes viviesen en unidad y armonía fraternas.

El aceite es símbolo del Espíritu Santo.

La segunda comparación es con el rocío de Hermón. El rocío (humedad salpicada) es emblema de bendiciones divinas, por lo que el descenso de su rocío sobre las alturas de Sión es una imagen poética para designar bendición material.

La segunda parte del v. 3 dice literalmente: “Porque allí manda (es decir, ordena, no "envía") Yahweh la bendición, es decir, vida para la nación de Israel, hasta la eternidad.

2. Para aprender juntos

Para aprender de las enseñanzas, estudios, etc. Debemos aprender la Palabra de Dios para edificación de nuestras vidas y para poder enseñar y evangelizar a otros. Una de la evidencias del nacimiento espiritual es ese deseo de recibir alimento espiritual y compartirlo.

1 Pedro 2:5 “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”
(Véase 1 Corintios 12: 4 al 21 y 26, 27)

Cada don que reciba una persona, no es solamente para beneficio de esa persona, sino para el beneficio de aquellos que no tienen ese mismo don. Así sucesivamente, cada uno es ayuda para el otro. Eso es parte sustancial de la unidad en el Espíritu (Ef. 4 ss.)

El fin de esto es que el cuerpo crezca en armonía, así como crece el cuerpo humano.

Efesios 4:11, 12 “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”
 
 Así como en el cuerpo humano el regulador y sincronizador de todos los miembros internos o externos es el cerebro que se encuentra en nuestra cabeza, así también el que rige la vida de la iglesia como un cuerpo es Cristo, la cabeza del cuerpo que es la iglesia.

El cuerpo puede vivir sin un brazo, una pierna o un ojo, aunque sufrirá, pero sin lo que no puede vivir de ninguna manera es sin cabeza o cerebro.

Efesios 1: 22, 23 “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”

Efesios 4:15, 16 “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”
 
 3.Para alabarle

Dios habita en medio de las alabanzas de su pueblo. Aunque debemos adorar a Dios en todo tiempo y lugar, la presencia de su Espíritu se manifiesta de forma especial cuando lo hacemos juntos.

Salmos 122: 1 “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos”

Salmos 22: 3 “Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel”

Salmo 100: 4 “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre”

Es un gozo ir a la casa del Señor.

“La alabanza manifiesta a Dios en la congregación es perfecta voluntad Suya”

4. Para animarnos

Cuántas veces no hemos llegado a la reunión con preocupaciones, y decisiones que tomar y los hermanos nos han ayudado en nuestra necesidad. Sin duda la respuesta es todos.

Como personas, tenemos necesidad de relacionarnos unos con otros porque Dios lo ha establecido de ese modo. Dios nos ha creado para vivir en familia, no aislados ni en solitario.

1 Tes. 5:11 “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”

1 Tes. 5:14 “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos”

5. Porque el día se acerca

Debemos estar conscientes de que esperamos la venida del Señor para El llevarnos. Desde el tiempo del apóstol Pablo la iglesia lo ha estado esperando, deseando; ha estado amando su venida.

Dice la Escritura que en los días que precederán a su venida el amor de muchos se enfriará, es por eso que nos exhorta a mantenernos unidos al cuerpo.

Romanos 13:11
“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”

“Nuestra bienaventurada esperanza es Cristo viniendo a por nosotros, reunidos, todos los que amamos su venida; ¿cómo puede uno que abandona la asamblea de Cristo esperar ese día cuando anda “por libre”? No puede.

6. Jesús nos dio ejemplo en cuanto a congregarnos


Lucas 4: 16
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer”

El templo de Jerusalén fue destruido varias veces, por lo cual los judíos de aquellos tiempos al tener la necesidad de congregarse establecieron las sinagogas.

Sinagoga: Proviene del latín synagoga, y este del griego synagoge, del verbo synago (reunir o congregar)

Se supone que las primeras sinagogas aparecieron en el siglo sexto antes de C. de entre los judíos deportados por Nabucodonosor en la conquista de Jerusalén hacia el año 597 a. C. y tras la destrucción del templo y la ciudad santa.

En las sinagogas se reunían para estudiar, cantar y orar en común. No eran edificios construidos especialmente para el culto sino que cualquier local hacía las veces de lugar de reunión.

Concluyendo

Si somos cuerpo de Cristo actuemos como tal. O dicho de otro modo: los que somos miembros del cuerpo de Cristo, actuemos como tales. Jamás veremos una mano viva a metros de distancia del brazo al que está unida, a voluntad. ¿Por qué entonces hay tantos verdaderos hermanos en la fe, que por motivos personalistas van “por libre” y por tanto no se reúnen? No dejemos de ver en ello una desobediencia al mandato del Señor.



Dios les bendiga.
© Conchi Hidalgo Moreno, Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
Abril 2011
www.centrorey.org

lunes, 26 de noviembre de 2012

Estudio bíblico básico Nº 1: El hombre, creación, transgresión y alejamiento de Dios.

Estudios bíblicos básicos

Estudio bíblico Nº 1

El hombre, creación, transgresión y alejamiento de Dios. 


Leer Génesis capítulos 1 al 3 
El hombre como creación de Dios contaba con su aprobación y su compañía. 
El hombre (entendido como género humano, es decir Adán y Eva) fue creado como corona de la creación. 
El libro de Génesis dice que la creación fue hecha en diferentes días, obviamente esto es una referencia a tiempos y no a días de 24 horas como lo entendemos hoy. 

Veamos el texto bíblico:

Génesis 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Gén 1:2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. 
Gén 1:3 Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. 
Gén 1:4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 
Gén 1:5 Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día. 
Gén 1:6 Entonces dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 
Gén 1:7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. 
Gén 1:8 Y llamó Dios a la expansión cielos. Y fue la tarde y fue la mañana: el segundo día. 
Gén 1:9 Entonces dijo Dios: Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco. Y fue así. 
Gén 1:10 Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno. 
Gén 1:11 Y dijo Dios: Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto sobre la tierra según su género, con su semilla en él. Y fue así. 
Gén 1:12 Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles que dan fruto con su semilla en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 
Gén 1:13 Y fue la tarde y fue la mañana: el tercer día. 
Gén 1:14 Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años; 
Gén 1:15 y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 
Gén 1:16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche; hizo también las estrellas. 
Gén 1:17 Y Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 
Gén 1:18 y para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 
Gén 1:19 Y fue la tarde y fue la mañana: el cuarto día. 
Gén 1:20 Entonces dijo Dios: Llénense las aguas de multitudes de seres vivientes, y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos. 
Gén 1:21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, de los cuales están llenas las aguas según su género, y toda ave según su género. Y vio Dios que era bueno. 
Gén 1:22 Y Dios los bendijo, diciendo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. 
Gén 1:23 Y fue la tarde y fue la mañana: el quinto día. 
Gén 1:24 Entonces dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género: ganados, reptiles y bestias de la tierra según su género. Y fue así. 
Gén 1:25 E hizo Dios las bestias de la tierra según su género, y el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su género. Y vio Dios que era bueno. 
Gén 1:26 Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. 
Gén 1:27 Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 
Gén 1:28 Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra. 
Gén 1:29 Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento. 
Gén 1:30 Y a toda bestia de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento. Y fue así. 
Gén 1:31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día. 

Podemos ver en este relato que a medida que Dios creaba iba diciendo que lo que había creado era bueno.
Sin embargo, vemos que al crear al hombre como culminación de su creación Dios no dice que era bueno solamente, sino que dice que era bueno en gran manera. 
Otra sustancial, importante, referencia que hace el texto bíblico es que Dios crea a l humanidad a su imagen y semejanza, esto es afirmado solo de la humanidad. La Palabra de Dios no dice esto del resto de la creación, solo lo dice de la humanidad. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. 

Dios dio libertad al hombre para que eligiera su destino 

La libertad también llamada libre albedrío es un valor sagrado para Dios y se espera que también para los hombres. 
Esto se aprecia especialmente en los capítulos 2 y 3 de Génesis. 
Génesis 2:16 Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, 
Gén 2:17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás. 
El árbol del conocimiento del bien y del mal era el único que estaba prohibido, del resto de los árboles podían comer sin restricciones, pero... 

Génesis 3:6 Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.

Ambos comieron como un acto de desobediencia a Dios de consecuencias trágicas para ellos y para el resto de la humanidad.


Pecado y desobediencia a Dios son sinónimos. 
De ahí en adelante ambos conocieron su desnudez, se empiezan a echar la culpa el uno al otro, cae la maldición sobre la serpiente, la mujer comienza a tener dolor en el parto. Por causa de Adán la tierra es maldita y producirá cardos. Con el sudor del rostro ganará su pan y volverá al polvo, es decir a la tierra; morirá y será enterrado. 
Quiere decir que Dios había creado al hombre con aspiraciones eternas que fueron interrumpidas por la desobediencia (pecado de Adán y Eva). 

No está todo perdido: Dios tenía un plan B 
Génesis 3:14 Y el SEÑOR Dios dijo a la serpiente: Por cuanto has hecho esto, maldita serás más que todos los animales, y más que todas las bestias del campo; sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 
Génesis 3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar. 
Algunos autores dicen que esta es la primer profecía que habla de Cristo. 
De la simiente (descendencia) de Eva vendría Cristo quien fue Dios encarnado en Hombre perfecto. 
La Cruz de Cristo, su muerte y resurrección serían la herida al Mal o a Satanás representado en la serpiente de Génesis capítulo 3. 
La destrucción definitiva de Satanás será en la segunda venida de Cristo en el juicio final a toda la creación. 

Estudio bíblico básico Nº 2: Pecado, alejamiento de Dios y salvación en Cristo.

Estudios bíblicos básicos 

Estudio bíblico Nº 2

Pecado, alejamiento de Dios y salvación en Cristo. 

Como vimos en el estudio Nº 1, el hombre decidió alejarse de Dios desobedeciendo el único mandato que Dios le había dado: No comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. 
Esto generó un abismo entre el hombre y Dios. No era esto la voluntad de Dios, simplemente fue una elección de Adán y Eva. Prefirieron creerle a la Serpiente (Satanás) antes de creerle a Dios. 

Dios había dicho que si comían del árbol del bien y del mal morirían.

Génesis 2:16 Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, 
Gén 2:17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás. 

Satanás le dice a Eva que no moriría sino que sería igual a Dios. 


Génesis 3:4 Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. 
Gén 3:5 Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal. 
Adán y Eva le creyeron a Satanás, por eso comieron ambos del árbol prohibido. 

Así les fue, así nos fue y nos va como humanidad.

La Palabra de Dios dice que no solamente Adán y Eva pecaron sino que este pecado pasó a toda la raza humana. 
San Pablo afirma que en Adán todos pecaron: 
Romanos 5:12 Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron; 
No entraremos en detalles acerca de cómo se produjo esto, si por herencia o por elección. Simplemente nos limitaremos a decir que el pecado ha pasado a través de las generaciones y el estado actual de la humanidad también nos da la razón en esto. 

Todos pecaron (pecamos) 

Esta contundente afirmación de San Pablo figura en varios versículos de la Palabra de Dios sobre todo en la carta doctrinal (de enseñanza) quizás más importante, la Carta a los Romanos, veamos: 
Romanos 3:9 
¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues hemos demostrado que todos, tanto judíos como gentiles, están bajo el pecado. 


Romanos 3:20 porque por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de él, ya que por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.

Romanos 3:21 Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y por los Profetas: 
Rom 3:22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él, porque no hay diferencia, 
Romanos 3:23 por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, 

Muerte y separación de Dios es lo mismo según el concepto bíblico. 
Al hablar de muerte la Palabra de Dios habla de separación espiritual de los hombres respecto de Dios. Se podría decir que entre Dios y la humanidad se produjo un abismo, este abismo fue consecuencia del pecado del hombre. 
Podríamos graficarlo de la siguiente manera:


Cuando hablamos de muerte no estamos hablando de muerte física solamente. 
La Palabra de Dios juzga de modo categórico cuales fueron las consecuencias del pecado de la humanidad y habla de muerte o separación espiritual. 
Al haber pecado Adán y Eva quedaron abismalmente alejados de Dios, separados ya que su espíritu estaba muerto por la desobediencia y el pecado. Esta separación o muerte espiritual tendrá como consecuencia primera la muerte física cuando Dios dice: “... pues polvo eres y al polvo volverás”, Génesis 3: 19
El autor de la Carta a los Hebreos habla de esto y va un poco más allá: 

Hebreo 9:27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,

Esto que fue escrito hace casi dos mil años todavía se cumple. A pesar de los esfuerzos humanos por hacer que el hombre sea eterno, lo establecido por Dios se sigue cumpliendo. Dios estableció que los hombres muramos una sola vez.

Y así como se cumple la primera parte de este versículo, se cumplirá también la segunda parte, esto es que habrá juicio.


Pero hay una Buena Noticia 

Evangelio quiere decir Buena Noticia, el Evangelio es una buena noticia. 

El juicio para condenación puede ser evitado. 
¿Cómo, haciendo buenas obras? 
No 
¿Por qué dice que no? 
En realidad no lo decimos nosotros, sino que Dios mismo lo dice en su Palabra, veamos: 

Efesios 2:8 porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. 
Efesios 2:9 No por obras, para que nadie se gloríe 
¿Las buenas obras están mal entonces? 
No, nadie dijo esto y menos aún Dios dice esto. 
Lo que la Palabra de Dios dice es que las buenas obras no alcanzan para salvación, no evitan la condenación del hombre. 
Nadie se salva por ser bueno ni justo ya que como Dios mismo dice en su Palabra: 

Romanos 3: 9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues hemos demostrado que todos, tanto judíos como gentiles, están bajo el pecado. 
Romanos 3:10 Como está escrito: «No hay justo, ni aun uno; 
Rom 3:11 no hay quien entienda, 
no hay quien busque a Dios. 
Rom 3:12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; 
no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Además si podríamos salvarnos por nuestras buenas obras, ¿Para qué Dios tendría que enviar a su propio Hijo para morir por nosotros?

La misma Biblia nos contesta este interrogante: 


Juan 3:16 “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.” 
Juan 3:17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 
Juan 3:18 El que en él cree no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 
Vimos en primer lugar (Estudio Nº 1) que Dios había creado al hombre en armonía con Él y que la desobediencia arruinó dicha armonía. Así entró el pecado y la condenación a toda la humanidad sin excepción y en los últimos versículos leídos del Evangelio de Juan vemos cual es la Grande y Costosa Solución que Dios nos da. 
Dios Padre nos dio a su Hijo Cristo para que por la fe en Él aceptemos esta Gracia (regalo) de la salvación. 
Por gracia (regalo) de Dios somos salvos dice la Biblia por medio de la fe en Cristo Jesús. 
Efesios 2:8 porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. 

Don es también un regalo inmerecido, el mérito es de Cristo, Él es el regalo de Dios. Se acepta este regalo por medio de la fe, por creer, simplemente por creer en Cristo.

El mismo Jesús lo dice con las simples Palabras que lo caracterizaron:

Juan 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. 
Juan 6:47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna. 
Juan 11:25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 

Ahora podemos volver a Dios por Un Camino, ese Camino se llama Cristo. Él mismo lo dijo:

Juan 14:6 Jesús le dijo:
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

El abismo puede ser superado solo por la Obra de Jesucristo en la Cruz.




Si a usted le parece bien, puede hacer esta simple oración. Pero no la haga en forma apresurada, solo hágala si tiene el pleno convencimiento y la entera voluntad de hacerla. 


Oración
“Dios Santo, bendigo Tu Nombre; Tu Nombre es Santo. Gracias por la vida de Tu Hijo Jesucristo y gracias por el Amor que a través de Él nos has otorgado. Gracias por su vida, por su muerte y por su resurrección; creo en mi corazón que Tú lo has resucitado de los muertos y Lo confieso como el Señor de todo y de todos. Abro mi corazón y mi vida a Tu Hijo Cristo para que Él viva en mí; perdona Señor mis faltas y pecados. Hazme vivir una vida llena por tu Espíritu Santo. 
Creo Padre que Tu Perfecta compañía nunca me abandonará conforme a la promesa de Tu Bendito Hijo Jesús escrita en Tu Palabra. 
Quiero poner un Tus manos mi vida con todas las circunstancias que he atravesado y que estoy atravesando. Señor, Tú conoces cada detalle de mi vida; conoces lo que me es agradable y conoces aquello que es difícil atravesar. Sólo pido que me estés dando Tu paz, Tu sustento y Tu fuerza para vivirlas en fe. Suple todas mis necesidades conforme a Tu infinita misericordia. 
Ayúdame a alimentarme de Tu Palabra y a orar a Ti cada día de mi vida. 
Bendíceme con la compañía de Tus hijos que quieran hacer Tu voluntad. 
No permitas que entremos en tentación mas líbranos del malo en todas las formas en que pueda aparecer y manifestarse; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos… 
En el Nombre de Tu Hijo Jesús.” 
Amén 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El Bautismo, por Watchman Nee

Lectura bíblica: Mr. 16:16; Hch. 2:38; 22:16; 1 P. 3:20-21; Ro. 6:3-4; Col. 2:12

El bautismo es un tema muy destacado en la Biblia. Hay dos aspectos del bautismo que debemos entender claramente. Primero, antes de ser bautizados, necesitamos saber lo que el bautismo puede hacer por nosotros. En segundo lugar, después de ser bautizados, necesitamos mirar retrospectivamente y preguntarnos acerca del significado de nuestro bautismo. En el primer caso, el bautisterio y el agua están delante de nosotros. Cuando vamos a ser bautizados debemos preguntarnos: “¿Qué puede hacer el bautismo por mí?”. Después de ser bautizados, tenemos que preguntarnos: “¿Qué significado tiene mi bautismo?”. La primera observación se hace mirando hacia el futuro, y la segunda, mirando retrospectivamente. Aquella tiene que ver con lo que uno sabe antes de ser bautizado, mientras que la última, con el entendimiento que uno tiene después de ser bautizado.

I. LO QUE EL BAUTISMO
HACE POR UNA PERSONA

A. El bautismo nos salva del mundo

“El que crea y sea bautizado, será salvo”. Me parece que este versículo infunde cierto temor a todos los protestantes y, por ende, no se atreven a leerlo. Siempre que lo leen, lo cambian por: “El que crea y sea salvo, será bautizado”. Pero eso no es lo que dice la Palabra del Señor. A fin de evitar el error del catolicismo, los protestantes deliberadamente dan rodeos al exponer la Palabra de Dios. Sin embargo, al tratar de evadir el error del catolicismo, ellos mismos caen en otro error. La Palabra del Señor es clara: “El que crea y sea bautizado, será salvo”. El hombre no tiene autoridad para cambiarlo por: “El que crea y sea salvo será bautizado”.


1. Ser salvo es ser liberado del mundo

Volvamos ahora nuestra atención al significado que la Biblia le atribuye a la palabra salvación. ¿De qué es salva una persona? Según la Biblia, las personas son salvas del mundo, no del infierno. Lo contrario a la vida eterna es la perdición, pero la Biblia no considera la salvación como lo contrario a la perdición. La Biblia nos muestra que la salvación es nuestra liberación del mundo. Mientras una persona forme parte del mundo, ya está destinada a la perdición eterna.
Consideremos ahora la condición del hombre delante de Dios. Hoy en día, no es necesario que los hombres hagan nada para merecer la perdición eterna. No es que yo esté destinado a la perdición eterna porque haya asesinado a alguien, o que seré salvo de la perdición eterna porque no he cometido ningún homicidio. El hecho es que el mundo entero está en camino de la perdición eterna. Y de entre todos aquellos que están destinados a perecer, Dios nos ha rescatado a nosotros y nos ha salvado. El mundo entero, corporativamente, está en camino de la perdición, pero Dios está salvando a los hombres individualmente, uno por uno. No es que Dios atrape a todos los peces del mar para después separar los buenos de los malos, destinando unos a la salvación y otros a la perdición eterna. No, sino que todos los peces del mar están en camino de la perdición eterna; pero aquellos que son atrapados por Dios son salvos, mientras que el resto permanece en el mar.
Por tanto, el asunto de la salvación y la perdición eterna no guarda relación alguna con el hecho de haber creído en Dios ni con lo buena que pueda ser nuestra conducta, sino que se relaciona con nuestra posición, es decir, con el lugar donde uno se encuentra. Si uno está en el barco, es salvo, pero si todavía permanece en el mar, habrá de perecer. Tal vez usted no haya hecho nada, pero en tanto que esté en el mundo, eso basta para que perezca. No importa si usted es bueno o malo, si es un caballero o un villano, ni si usted vive regido por su conciencia o no. Mientras forme parte del mundo, usted carecerá de toda esperanza. Si no ha salido de allí, está condenado ante Dios.

2. La salvación está relacionada
con nuestra posición

Debido a que Adán pecó y llegó a ser un pecador, todos los hombres vinieron a ser pecadores. Hoy el hombre no necesita pecar para ser pecador porque todos han llegado a ser pecadores por el pecado de un solo hombre. Mas ahora, Dios nos ha salvado de entre muchos hombres. Si usted pertenece al mundo, entonces, independientemente de la clase de persona que usted sea, usted está en contra de Dios y es Su enemigo. Por tanto, usted está en la posición incorrecta, en virtud de la cual usted está destinado a perecer y está en camino de la perdición. Si usted todavía está en el mundo, está destinado a perecer.
La palabra salvación ha sido usada liberalmente entre nosotros y con mucha confusión. Existe una diferencia entre ser salvo y obtener la vida eterna. Obtener la vida eterna es un asunto personal, mientras que ser salvos no consiste sólo en recibir la vida eterna en el ámbito personal, sino que también implica salir de una entidad corporativa que está errada. Hermanos y hermanas, ¿ven claramente cuál es esta diferencia? Recibir la vida eterna es un asunto personal. Pero la salvación no es sólo un asunto personal, sino que además tiene que ver con la entidad colectiva a la que pertenecíamos anteriormente.
Por consiguiente, ser salvo significa salir de una entidad y entrar en otra. Recibir la vida eterna hace referencia a la entidad a la cual hemos ingresado, no a la entidad de la cual hemos salido. Pero la salvación incluye tanto la salida como la entrada. Así que, la esfera de la salvación es más amplia que la de recibir la vida eterna. Ser salvo incluye ser liberado del mundo, es decir, salir del mundo.

3. Cuatro hechos principales delante de Dios
con respecto al mundo

La Biblia nos muestra cuatro hechos principales con respecto al mundo: (1) a los ojos de Dios, el mundo está condenado; (2) el mundo yace en el maligno; (3) el mundo crucificó al Señor Jesús; y (4) el mundo está en enemistad con Dios; es enemigo de Dios. Delante de Dios, estos son los cuatro hechos principales con respecto al mundo. Si una persona permanece en el mundo, ya está condenada y perecerá, sin importar cuál sea su conducta.
Recuerden que la salvación del hombre no se relaciona con su conducta. El hombre está errado debido a que su posición es la posición equivocada. Sabemos que no es fácil ser liberados del mundo. ¿Cómo puedo salir del mundo si aún me atrae? Sin embargo, cuando me doy cuenta de que el mundo está en una posición equivocada con respecto a Dios, tengo que abandonarlo, no importa cuán atractivo me parezca. Por tanto, la salvación no se relaciona simplemente con nuestra conducta personal. La entidad colectiva a la que pertenecemos está equivocada; necesitamos ser salvos de nuestra relación con el mundo y de nuestra posición en él.
Cuando los judíos trataron de deshacerse del Señor Jesús, clamaron: “¡Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos!” (Mt. 27:25). Aunque nosotros no matamos al Señor Jesús personalmente, nuestros antepasados sí lo hicieron. Aunque nosotros no cometimos tal acto personalmente, sí lo hizo la entidad colectiva a la que pertenecemos. El cuerpo colectivo al que pertenecemos es enemigo de Dios y está condenado a perecer. Esto no tiene nada que ver con que hayamos errado o no personalmente. Espero que puedan ver que no solamente somos pecadores en el ámbito individual y como tales necesitamos ser salvos personalmente, sino que además pertenecemos a una colectividad errónea. El mundo al cual pertenecemos es enemigo de Dios. El mundo en el cual estamos está condenado por Dios. Necesitamos ser librados de la relación que tenemos con él y de nuestra posición en él.

4. Ser salvo es salir del mundo

¿En qué consiste la salvación? La salvación consiste en salir de cierta entidad colectiva; es una liberación de cierta posición y de ciertas relaciones. En otras palabras, significa salir del mundo. La mayoría de las personas presta mucha atención a su salvación personal, pero ahora, debemos preguntarnos: ¿De qué somos salvos? La salvación que se recalca en la Biblia se refiere a ser salvo del mundo, no del infierno. El mundo en su totalidad está condenado por Dios.
No cabe duda de que aquel que cree en el Señor Jesús tiene vida eterna. Hemos predicado esto por muchos años. Una vez que una persona cree en el Señor Jesús, tiene vida eterna y es salva para siempre. Todos sus problemas son resueltos. Pero recuerden que si una persona cree pero no es bautizada, todavía no es salva. De hecho, tal vez usted ha creído en el Señor y tiene vida eterna, pero a los ojos del mundo, ¿es usted salvo? Si usted no ha sido bautizado, no es salvo, ya que nadie sabe que usted es diferente. Usted tiene que tomar tal decisión y ser bautizado, declarando que ha puesto fin a su relación con el mundo. Solamente entonces será salvo.

5. Creer se relaciona
con lo que necesita ser afirmado,
mientras que el bautismo se relaciona
con lo que debe ser negado

Entonces, ¿qué es el bautismo? El bautismo es una liberación. Creer se relaciona con lo que necesita ser afirmado, mientras que el bautismo se relaciona con lo que debe ser negado. El bautismo nos saca de una entidad colectiva. Muchas personas del mundo pueden decir que usted es uno de ellos. Pero en el momento en que usted es bautizado, verán que usted ha llegado a su fin. Aquel a quien ellos conocieron por años, ahora es salvo y se ha bautizado. La amistad que usted tenía con ellos ha terminado. Usted está en la tumba, pues ha llegado al fin de su curso. Usted ya sabe que tiene vida eterna, y ahora que es bautizado, es salvo. De ahora en adelante, todos saben que usted es del Señor, pues le pertenece.
“El que crea y sea bautizado, será salvo”. Esto es cierto porque cuando una persona cree y es bautizada, todos conocerán su posición. Si uno no cree, no tendrá la realidad interior correspondiente, y lo que haga no tendrá sentido, pues será un simple acto externo. Pero al creer se produce una realidad interior, y si uno da el siguiente paso, el paso del bautismo, se separará del mundo y su relación con éste llegará a su fin. El bautismo es una separación; nos separa de los demás.
“El que crea y sea bautizado, será salvo”. Lo que dijo el Señor Jesús es muy claro. Además añade: “El que no crea, será condenado”. No creer en el Señor es razón suficiente para que la persona sea condenada. En tanto que una persona pertenezca a esa entidad colectiva, su incredulidad es suficiente para condenarla. Pero aun si uno cree en el Señor, necesita de todos modos ser bautizado. Si no es bautizado, no ha hecho público su éxodo.

6. Algo asombroso en el mundo

Es asombrosa la actitud que el judaísmo, el hinduismo y el islamismo tienen hoy en día con respecto al bautismo.
Un judío que abrace la fe cristiana en secreto, no será perseguido. Muchos judíos creen en el relato histórico acerca del Señor Jesús. Su mayor dificultad no consiste en llegar a creer en Él, sino en ser bautizados. Una vez que son bautizados, son expulsados del judaísmo. Algunas hermanas, después de haber sido bautizadas, fueron envenenadas por sus prometidos. Tales cosas suceden aun en comunidades civilizadas como las de Londres o Nueva York. No hay problema si una persona cree en su corazón, pero una vez que se bautice, sufrirá persecución.
En la India nadie le hará daño a un creyente mientras éste no sea bautizado. Pero una vez que se bautiza lo expulsan de la comunidad. Ellos pueden tolerar que uno crea en el Señor, pero no pueden permitir que uno se bautice.
La reacción de los musulmanes es aún más violenta. Algunos han dicho que es difícil que un musulmán que haya creído en el Señor Jesús permanezca vivo. Tan pronto cree, le dan muerte. El Dr. Swema fue la primera persona que tuvo éxito al trabajar entre los musulmanes. Él dijo: “Mi obra nunca crecerá, porque una vez que una persona cree en el Señor, inmediatamente tiene que ser enviada lejos. De no ser así, le matarían a los dos o tres días de ser bautizada”. Esta costumbre prevalece aún hoy entre los musulmanes.
El bautismo es una declaración pública de que uno ha salido. “El que crea y sea bautizado, será salvo”. No pensemos que en este versículo la salvación se refiere a la salvación personal de nuestro espíritu. En la Biblia, la salvación significa ser liberados del mundo y no del infierno.

B. El bautismo se relaciona con el perdón de los pecados

El día de Pentecostés los apóstoles dijeron a los judíos: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados” (Hch. 2:38). A los protestantes se les hace difícil aceptar este versículo. No obstante, este versículo ha sido enunciado claramente por los apóstoles: “Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados”. Es extraño que el énfasis dado por el apóstol no sea la fe, sino el bautismo.
¿Era acaso el objetivo del mensaje de Pedro en Hechos 2 persuadir a los hombres a que creyesen? Por supuesto que no. Ahora, ¿significa esto que la predicación de Pedro era inferior a la nuestra? La Biblia nos dice que el elemento más crucial de la salvación es la fe. Entonces, ¿cómo pudo Pedro haber ignorado esto? Él podía haber ignorado otras doctrinas en su mensaje, pero ¿cómo pudo dejar de hablar de la fe? Es cierto que Pedro no habló directamente sobre la fe, ya que en lugar de ello, él habló del bautismo, y el corazón de los que escuchaban fue compungido por el Espíritu Santo. ¿Y qué predicamos nosotros? Nosotros proclamamos que la fe sola es suficiente, pues pensamos que este es el cristianismo ortodoxo. Sin embargo, Pedro dijo: “Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo”.
Pedro sólo habló acerca del bautismo porque los que le escuchaban eran los que habían dado muerte al Señor Jesús. Cincuenta días antes, ellos clamaban: “¡Fuera con éste!”. Ellos eran las mismas personas que daban gritos en Jerusalén. Ahora ellos debían separarse del resto de los judíos. Esta es la razón por la cual no era necesario hablarles acerca de la fe. Ellos solamente necesitaban ser bautizados. Con eso bastaba para que salieran de esa entidad corporativa. Tan pronto como fueran bautizados, su relación con ella terminaría. En el momento en que fueran bautizados, ellos saldrían de esa entidad colectiva, y sus pecados serían lavados. Ya no serían parte de ella; estarían fuera de ella. Por eso Pedro dijo: “Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados”. El acto del bautismo los sacó de la entidad a la que pertenecían, y todo conflicto pendiente quedó resuelto.
Ahora usted debe darse cuenta de que al principio estaba en el mundo y era enemigo de Dios. Puesto que ha salido de allí, usted es salvo. Necesita confesar delante de Dios y delante de los hombres que ya salió del mundo y que no tiene nada que ver con esa colectividad. Usted ya le puso fin a eso. “Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Esta fue la enseñanza principal dada el día de Pentecostés. A este respecto, su mente debe ser dirigida por la Palabra de Dios y no por la teología protestante.

C. El bautismo nos lava de los pecados

Examinemos el caso de Pablo. Ananías vino a Pablo y le dijo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando Su nombre” (Hch. 22:16).
Pablo fue el principal y más destacado maestro, profeta y apóstol del cristianismo. ¿Hubo acaso un pequeño error con respecto a su experiencia? Algunas veces predicamos doctrinas correctas, pero tenemos la experiencia equivocada. ¿Qué sucede cuando damos nuestro testimonio? ¿Qué sucedería si otros hicieran lo que nosotros hacemos? El testimonio de un maestro es crucial porque puede desviar a otros. ¿Es posible que la experiencia del principal maestro del cristianismo estuviera equivocada?
“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando Su nombre”. Presten atención a este versículo. Dice que el bautismo puede lavar los pecados de uno. Al citar este versículo, los católicos lo hacen considerando únicamente el aspecto individual de este asunto delante de Dios. El error del catolicismo estriba en decir: “Si usted es bautizado, sus pecados serán lavados”. Por ende, ellos recalcan que si una persona se bautiza en su lecho de muerte, dicho bautismo puede lavar todos los pecados que dicha persona haya cometido en el curso de su existencia. Pero no se dan cuenta que el significado del bautismo atañe más a nuestra relación con el mundo que a nuestro testimonio delante de Dios.
Anteriormente, Pablo era un hombre que formaba parte del mundo. Después de haber creído en el Señor Jesús y de haberlo visto, necesitaba levantarse y ser bautizado. En el momento en que fue bautizado, sus pecados fueron lavados. En el momento en que él puso fin a su relación con el mundo, sus pecados se desvanecieron. Si usted se hizo cristiano secretamente y no fue bautizado, es posible que los del mundo todavía lo consideren como uno de ellos. Usted puede decir que es salvo, pero el mundo no reconocerá esto. Puede decir que creyó en el Señor Jesús, pero ellos dirán que no han visto nada al respecto. Una vez que usted entre en el agua, ellos lo verán y sabrán que usted creyó en Jesús. De no ser así, ¿por qué habría de ser tan necio como para entrar en el agua? En el momento en que uno es bautizado, es liberado del mundo. El bautismo en agua pone fin a nuestra relación con el mundo.
Si una persona cree en su corazón, pero no manifiesta ninguna señal externa al respecto, el mundo seguirá considerándole como uno de los suyos. Por ejemplo, en Kuling, Fukien, se celebra cada otoño una gran tradición idólatra, y a todos se les exige que donen dinero para dichas celebraciones. Si una persona dice que creyó en el Señor, los demás no le creerán. Pero en el momento en que es bautizada, saben que ya no es uno de ellos. Así que, el bautismo es la mejor manera de ser liberados del mundo. Si quiere ser liberado del mundo, tiene que ser bautizado. Debe decirle al mundo: “Mi relación contigo ha terminado”. Al hacer esto, sale del mundo.
El bautismo es un testimonio público, y no debemos temer que otros sean testigos de ello. Los incrédulos también pueden estar presentes durante nuestro bautismo. Recientemente, cuando bautizamos a algunas personas en Fuzhou, un hermano dijo: “No nos gusta llevar a cabo la reunión del bautismo de una manera tan desordenada. Ha habido demasiados espectadores”. Si este fuera el caso, Juan el Bautista tendría que haber aprendido de este hermano, ya que los bautismos de Juan no eran muy ordenados. Aun los bautismos de aquellas tres mil personas el día de Pentecostés no fueron muy organizados. Lo importante no es si una reunión es ordenada o no. Si bien es cierto que no es bueno ser desordenado, todos los hermanos y hermanas deben saber lo que estamos haciendo. Cuando bautizamos a alguien, debemos permitir que todo el mundo sea testigo de lo que estamos haciendo.

D. El bautismo lleva
a la salvación mediante agua

La Escritura es coherente en cuanto a sus principios. En 1 Pedro 3:20 dice: “En los días de Noé ... algunos, es decir, ocho almas, fueron llevadas a salvo por agua”. De nuevo, este versículo nos muestra que el bautismo lleva a la salvación. El Señor Jesús dijo: “El que crea y sea bautizado, será salvo”. En el día de Pentecostés, Pedro dijo: “Bautícese cada uno de vosotros ... para perdón de vuestros pecados”. La acción de Pablo nos muestra que cuando una persona es bautizada, es lavada de sus pecados. Estos no son solamente perdonados, sino lavados. Esto se debe a que cuando ponemos fin a nuestra relación con el mundo, somos lavados de nuestros pecados. Lo dicho en 1 Pedro también nos muestra que somos salvos mediante agua. Así que, el bautismo lleva a la salvación mediante agua.
Aquellos que no pasan la prueba del agua no son salvos. Una persona que no pueda pasar por el agua, se ahoga. En los días de Noé, todos fueron bautizados, pero solamente ocho almas sobrevivieron. Todos fueron bautizados y sumergidos en el agua, pero solamente ocho almas emergieron de ella. En otras palabras, el agua llegó a ser agua de muerte para algunos, y para otros, fue agua de salvación. Hay quienes entran en el agua y allí permanecen, pero nosotros pasamos por el agua y emergimos de ella. Lo que dijo Pedro tiene un sentido positivo. Cuando el diluvio vino, todos se ahogaron. Únicamente las ocho almas que estaban en el arca, a quienes el agua no pudo vencer, emergieron del agua. Mientras el resto perecía, estas ocho almas fueron salvas. Actualmente, el mundo entero está bajo la ira de Dios. Ser bautizado significa pasar por el juicio de la ira de Dios. Pero quien se bautiza no sólo ha venido a estar bajo la ira de Dios, sino que ha salido de tal posición. Al emerger, se muestra que uno ha salido. Esto es el bautismo.
El bautismo, por un lado, significa entrar en el agua, y por otro, equivale a salir de ella. El bautismo significa pasar mediante agua y salir de ella. Usted debe hacer énfasis en el aspecto de “salir”. Todos entraron en el agua, pero solamente ocho almas salieron de ella. En nuestros días, somos salvos mediante el bautismo. ¿Qué significa esto? Cuando fui bautizado, no entré en el agua para quedarme sumergido en ella, sino que entré en el agua y salí de ella. Si usted no ha creído en el Señor Jesús, su bautismo no hará que usted emerja de las aguas. Al entrar en el agua y salir de ella, doy a entender que soy diferente de usted. Puedo salir del mundo al pasar por las aguas del bautismo. Al hacerlo, doy testimonio a los demás de que soy diferente al mundo.

E. El bautismo nos liberta del mundo

Los cuatro pasajes de la Escritura mencionados anteriormente nos muestran claramente lo que es el bautismo. Una vez que somos bautizados, somos libertados del mundo. No necesitamos años para ser libertados del mundo. Lo primero que un nuevo creyente debe hacer es bautizarse. Usted tiene que percatarse de la posición que el mundo ha asumido ante Dios. Usted ha renunciado completamente a la posición que antes tenía al formar parte del mundo. En esto consiste la salvación. Debe despojarse totalmente del mundo. De ahora en adelante, usted ya no forma parte del mundo, sino que está en el lado opuesto.
Una vez que creemos en el Señor, debemos comprender que ya no formamos parte del mundo. Nuestro bautismo es una señal de que fuimos libertados del mundo. Por medio del bautismo desempeñamos un papel diferente. De aquí en adelante, permanecemos en el arca y somos personas diferentes. Podemos testificar ante los demás que no hacemos ciertas cosas debido a que hemos creído en Jesús; más aún, podemos decirles que no hacemos tales cosas debido a que hemos sido bautizados. Hemos cruzados el puente y estamos en el lado opuesto.
Hoy en día tenemos que recobrar el lugar que le corresponde al bautismo delante de Dios. ¿Cuál es el significado del bautismo? Significa salir del mundo. Es un paso que damos para ser libertados del mundo. Nuestro bautismo es una declaración de que estamos fuera. Es como las palabras de un himno que dicen: “Después viene la sepultura, ante la cual nuestros seres queridos nos lloran, / Al saber que hemos expirado” (Hymns, #628). Nuestros seres queridos ahora saben que hemos llegado a nuestro fin y al final de nuestro curso. Hemos sido completamente aniquilados. Únicamente este bautismo es efectivo. Si no hemos comprendido esto, nuestro bautismo es superficial y carente de significado. Debemos comprender que fuimos libertados del viejo círculo al que pertenecíamos y que hemos salido de él. La vida eterna es algo que nuestro espíritu obtiene delante de Dios, pero la salvación es el acto mediante el cual nos separamos del mundo.

II. EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO

Todo el que ya ha sido bautizado necesita volver a examinar el significado del bautismo. Aun si fue bautizado hace diez o veinte años, debe reflexionar al respecto. Siempre debemos recordar el versículo que dice: “¿O ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?” (Ro. 6:3). Este versículo habla en forma retrospectiva y no se refiere a un evento futuro.
Los versículos que leímos en Marcos 16, Hechos 2, Hechos 22 y 1 Pedro 3 están dirigidos a quienes no han sido bautizados aún, mientras que los versículos de Romanos 6 y Colosenses 2 están dirigidos a los que ya fueron bautizados. Dios les dice: “¿No sabéis que cuando fuisteis bautizados, moristeis juntamente con Cristo, fuisteis sepultados y resucitasteis juntamente con Él?”.
En Romanos 6 se hace hincapié en la muerte y la sepultura, aunque también se menciona la resurrección. Colosenses 2 va más allá, pues recalca la sepultura y la resurrección, siendo esta última el tema central. El énfasis de Romanos 6 es la muerte: “¿O ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?”. Aquí, se hace hincapié principalmente en la muerte, en el hecho de que debemos morir juntamente con Cristo. Romanos 6 habla de morir y ser sepultados, mientras que Colosenses 2 habla de ser sepultados y resucitar.
Las aguas del bautismo tipifican la tumba. Cuando en nuestros días una persona es sumergida en las aguas del bautismo, es como si estuviera siendo sepultada. Salir del agua equivale a salir de la tumba. Antes de ser sepultado, uno primero tiene que estar muerto. No se puede sepultar a una persona viva. Si una persona se vuelve a levantar después de haber sido sepultada, eso, sin duda alguna, es la resurrección. La primera parte de esta verdad se encuentra en Romanos, y la segunda en Colosenses.

A. Un gran evangelio: ¡estoy muerto!

Cuando el Señor Jesús fue crucificado, Él nos llevó consigo a la cruz, y nosotros fuimos crucificados juntamente con Él. A los ojos de Dios, ya se nos puso fin. ¿Qué piensa de usted mismo? Quizás tenga que decir: “¡Soy una persona difícil de tratar!”. Aquellos que no se conocen a sí mismos no comprenden cuán imposibles son. Una persona que conoce a Dios y que se conoce a sí misma, dirá: “Soy una persona imposible”.
Cuando vivíamos estando agobiados por el pecado, escuchamos acerca de la muerte del Señor Jesús. Este es el evangelio. Es así que vimos que no teníamos esperanza alguna y que estábamos muertos. Así es el evangelio. ¡Damos gracias a Dios porque este es el evangelio! La muerte del Señor nos incluyó a todos nosotros. Por tanto, en Cristo, todos hemos muerto. ¡No hay mejor noticia que esta! Así como la muerte del Señor es el gran evangelio, nuestra propia muerte también lo es. Así como la muerte del Señor es motivo de regocijo, también lo es nuestra muerte. ¿Cuál debería ser el primer pensamiento que ha de venir a nuestra mente cuando escuchamos que nuestro Señor murió? Debemos ser como José de Arimatea; debemos proceder a sepultarlo a Él. Igualmente, cuando nos enteramos de que estamos muertos, lo primero que debemos hacer es sepultarnos a nosotros mismos, ya que la sepultura viene inmediatamente después de la muerte. La muerte no es el fin. Ya estamos muertos en Cristo; por tanto, lo primero que debemos hacer es sepultarnos a nosotros mismos.

B. Muerto y resucitado

Hermanos, cuando entramos en las aguas del bautismo o cuando reflexionamos al respecto después de haber sido creyentes por muchos años, debemos recordar que ya estamos muertos. Dejamos que nos sepulten debido a que hemos creído en nuestra muerte. Si nuestro corazón aún late y todavía respiramos, no podemos ser sepultados. Para poder ser sepultados, tenemos que estar muertos.
Cuando el Señor Jesús fue crucificado, nosotros también fuimos crucificados con Él. Permitimos que otros nos sumerjan en agua porque creemos haber muerto. El Señor Jesús resucitó y puso el poder de Su resurrección en nosotros. Somos regenerados mediante este poder. El poder de la resurrección opera en nosotros y nos resucita. A ello se debe que hayamos salido del agua. Ya no somos lo que éramos antes; ahora somos personas resucitadas. Jamás debemos olvidar este hecho. Cuando entramos en el agua, creímos en nuestra muerte y en nuestra necesidad de ser sepultados. Cuando salimos del agua, creímos que somos poseedores de la novedad de la vida divina. Ahora estamos en el lado de la resurrección. La muerte se halla en el otro lado, y ahora nuestra experiencia es la resurrección.

C. Estoy en Cristo

Cierta vez leí el titular de un periódico que decía: “Una persona, tres vidas”. El artículo hablaba acerca de una mujer encinta que había sido asesinada. Después de que murió la mujer, se supo que ella llevaba en su vientre gemelos. Por eso el encabezado decía: “Una persona, tres vidas”. Con relación al Señor debe decir: “Una Persona, millones de vidas”. Esta es la razón por la cual la Biblia reiteradas veces recalca la expresión en Cristo. En el crimen mencionado, aparentemente el asesino sólo mató a la madre, y no a los dos niños. Sin embargo, debido a que los dos niños estaban en el vientre de la madre, ellos murieron cuando la madre murió. De igual manera, por estar nosotros en Cristo, cuando Él murió, nosotros morimos en Él.
Dios nos puso en Cristo Jesús. Esta es la revelación que vemos en 1 Corintios 1:30: “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús”. Puesto que Cristo murió, todos nosotros también estamos muertos. La base de nuestra muerte con Cristo es que nosotros estamos en Él. Si no sabemos lo que significa estar en Cristo, tampoco entenderemos lo que significa morir juntamente con Él. ¿Cómo pudieron morir los niños juntamente con su madre? Ellos murieron debido a que estaban en el vientre de ella. En la esfera espiritual, tal analogía se hace aún más real. Dios nos unió a Cristo. Cuando Cristo murió, también nosotros morimos.
Tan pronto como este evangelio nos sea predicado, debemos aprender a ver las cosas desde el punto de vista de Dios, y reconocer que hemos muerto en el Señor. Hemos muerto porque hemos creído en que dicho evento es un hecho. Fuimos sepultados en el agua y salimos de ella. Declaramos haber salido de la tumba. Esto es resurrección. Romanos 6 presenta el hecho de que nos consideramos haber muerto con Cristo Jesús, y asimismo, nos consideramos personas que han resucitado con Él.
Hermanos y hermanas, espero que una vez que sean salvos, tomen este camino. Estos son dos conceptos claramente distintos. Uno ocurre antes del bautismo, y el otro, después. Antes del bautismo debemos ver que ya estamos muertos y necesitamos ser sepultados. Después del bautismo debemos darnos cuenta de que ahora estamos en resurrección y, por ende, hoy podemos servir a Dios.